Griego en Gijón: Las maravillas del sexo anal

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En nuestro país, hace no tantos años, el sexo anal, la libérrima y fantástica enculada, era todavía una práctica públicamente condenada, mal vista socialmente vamos a decir, si bien es cierto que dar por culo se ha dado desde que existen las pollas y los traseros. Pero afortunadamente, y gracias a esta progresiva liberación sexual que la sociedad ha ido viviendo, en la actualidad es un deporte sexual amplísimamente reivindicado (como bien sabemos en MUÑECAX) y candidato a figurar próximamente entre las disciplinas olímpicas. ¡Que ya está bien de avergonzarse o culparse de lo que a uno le gusta y le hace volar!

EL CULO, ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO

Pero, ¿por qué nos atraen tanto los culos? ¿Por qué esa fijación de algunos? ¿Por qué nos excita y lo consideramos como una de las puertas grandes al más delicioso placer?

Desde luego, el hecho de haber sido el follar por el culo durante tanto tiempo un tabú, ha aureolado la llamada “puerta de atrás” de un brillo de prohibición casi imposible de resistir por quienes somos sensibles, precisamente, a “los placeres prohibidos”. Esa especie de sociedad secreta que muchas veces forman los enculadores y los enculad@s –pues el vicio puede ser inconfesable–, reconozcámoslo, añade morbo al asunto.

Hay otro factor psicológico que asimismo enciende de luz de celestial el sexo anal: y es el hecho de follar y disfrutar con todas las letras y hasta el final sin que ello tenga nada que ver con lo de traer niños al mundo. Efectivamente, la religión y sus mandamientos juegan también aquí un papel importante; el propio Marqués de Sade, Presidente de la República de los Libertinos y homosexual declarado, ya afirmaba en su deliciosa obra “La Filosofía del Tocador” lo mucho que le gustaba follar con mujeres siempre que fuera por detrás, precisamente con el argumento de que de este modo era científicamente imposible que corriéndose dentro pudiera encargar un nuevo y probablemente igual de sádico y perverso “marquesito.”

Pero existe un tercer argumento de naturaleza completamente material: el culo, debido su estructura muscular y su ubicación con respecto de la pelvis, es más estrecho y más dilatable que la vagina, por lo que puede proporcionar tanto o más placer al introductor de la cacharra que el propio y siempre admirado, respetadísimo, coño: ¿qué necesidad habrá de escoger si se puede tener todo? El culo y el coño no son tirios y troyanos, sino fuentes de placer que afluyen al mismo río.

Porque debe quedar bien clara, además, una cosa, y es que el que pone el culo…

¡… EL QUE PONE EL CULO TAMBIÉN SE LO PASA BOMBA!

Pues sí, así es, que se sepa: “el dolor” asociado al sexo anal es en grandísima parte un mito. Si duele es porque se ha hecho mal. Si se procede despacio, de menos a más, progresivamente y con cariño, utilizando la lubricación necesaria y desactivando a favor del placer los prejuicios, ¡no debería haber culo que se resistiera! Pues pocas zonas más erógenas que la anal, si bien hay que tener siempre en cuenta si el enculad@ es un principiante, o una amazona furiosa de la cabalgada del garrote como por ejemplo nuestra admirada Lana Rhoades, enculatriz suprema a quien ya dedicamos UN POST EN ESTE BLOG hace unas pocas semanas.

Pero vayamos al asunto. Para empezar, hombres y mujeres tenemos el culo prácticamente idéntico, una zona en extremo erógena por estar llena de millones de terminaciones nerviosas capaces de llevarnos al cielo cuando son estimuladas apropiadamente.

En el caso de los hombres, la próstata, una glándula del tamaño de una alcaparrón situada delante del recto, puede convertirse en un importante centro de placer cuando se estimula. No en vano se la denomina a menudo como el Punto G masculino.

Por su parte las mujeres,  poseen una fina pared que separa el ano de la vagina, y esto hace que al penetrar analmente se estimule desde atrás la base interna del clítoris. Quienes persiguen esto conscientemente en sus performances sexuales confirman la excelencia de buscar con la polla la estimulación de este punto, estimulación que puede volver loca a la mujer (y al hombre que consigue proporcionar dicho placer a la hembra ya ni hablemos, pues se sentirá no menos que Alejandro Magno sumando nuevas conquistas a su Imperio).

Así que quien toma, se lo pasa tan bien como quien da, y en ambos casos la enculada, además de disfrutarse de principio a fin, puede desembocar en el éxtasis.

Y ya para terminar, nos gustaría decir que el culo no solo es el ano: igual importancia tienen los cachetes que rodean a la húmeda diana, formando con ella un todo, cachetes que juegan también una papel esencial a la hora de friccionar el miembro, estoy hablando, sí, de las benditas nalgas: a unos les gustan redondas y llenas de curvas, a otros respingonas, a otros estrechas y duras, a otros abundantes… Para gustos los colores, claro está, pero el culo es y será siempre una puerta al paraíso.

En MUÑECAX los sabemos, y en cuanto se acabe este confinamiento, pondremos en tu mano muy, pero que muy gustosas, la llave. 😉

¡Besos desde MUÑECAX. Ya queda menos para volver a vernos!

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